Para paliar el fracaso, el sociólogo francés Fize aboga por separar sexos en algunas clases.
La coeducación no es eficaz, sostiene Fize. La convivencia de niños y niñas en las aulas ha fomentado el entendimiento pero ha originado nuevos problemas.
MADRID. Reconoce que el título de su último libro, «Las trampas de la educación mixta», puede llevar a confusión. El sociólogo francés, Michel Fize, experto del Centro galo de Investigaciones Científicas (CNRS), matizó una vez más -en un encuentro celebrado en el Instituto de Estudios Superiores de la Empresa (IESE) en Madrid- que no aboga por la eliminación de la enseñanza mixta en las escuelas, sino que la pone en tela de juicio amén de sus malos resultados.
El hombre que ha apadrinado la polémica sobre la coeducación en Francia, cuna de la educación estatal, defendió que padres y alumnos tengan la posibilidad de elegir entre centros mixtos o disgregados por sexos e invitó, asimismo, a que el modelo de la coeducación no se asuma como algo impuesto, sino que «se reflexione sobre su eficacia». La controversia suscitada en el país vecino apenas lleva viva en España unos meses, pero ya ha originado un intenso cruce de declaraciones entre asociaciones de padres, docentes y sociólogos. De un lado, los detractores de la enseñanza diferenciada alegan que la escuela es el motor del desarrollo evolutivo y social de los niños, de manera que si hombres y mujeres deben convivir en la sociedad, lo mejor es que aprendan a hacerlo en el marco escolar. De otro, sus partidarios discuten la eficacia de los centros mixtos porque en ellos se detecta un importante incremento del fracaso escolar y de la violencia entre alumnos.
En esta segunda línea se expresa la Confederación católica de padres Concapa. Para esta asociación, el verdadero caballo de batalla es el «dogma» de la coeducación adoptado sin más. «Pretendemos -enfatiza su vicepresidente, Luis Carbonel- que haya una verdadera investigación sobre qué modelo es mejor para nuestros alumnos, y que se abra un debate social en el que los padres reciban información y puedan ejercer su derecho a elegir la educación que quieren para sus hijos».
Un instrumento de «pésima eficacia»
Entre unos y otros parece situarse Michel Fize. «La coeducación es un instrumento pedagógico que debe ser juzgado en razón de su eficacia», dice. «Y es innegable -prosigue- que en los centros escolares de Francia se producen cada vez más agresiones sexuales contra las adolescentes y crece el fracaso escolar de los chicos». Un modelo de «pésimos resultados» que, para quien fuese consejero del Ministerio francés de la Juventud, resulta paralelo al que se observa en nuestro país.
¿Qué está fallando en ambos sistemas? Si la coeducación nació enarbolando la bandera de la igualdad de oportunidades entre sexos, no tuvo en cuenta, según Fize, los diferentes ritmos de madurez y adaptación al sistema educativo de chicos y chicas y que recientes estudios han refrendado. Se confió en que conllevaría más respeto y tolerancia entre sexos y, consecuentemente, un mejor entendimiento mutuo. No sólo no ha sido así, incide el investigador, sino que se puede constatar que el entorno escolar se ha ido debilitando de forma progresiva en este ámbito.
Fize, al que gusta llamarse «médico social» que analiza la sociedad y ofrece un diagnóstico de su enfermedad, reconoce que «la culpable no es la educación mixta, sino el aprendizaje incorrecto que se ha derivado de la convivencia de los sexos en las escuelas», reconoce. La responsabilidad salpica entonces a padres y profesores, ya que se reproducen en las escuelas los «clichés sexistas» que aún hoy se perpetúan en las familias: se deja más libertad al niño, se exige más disciplina a la niña pero mejores resultados al niño en áreas técnicas… Así, propone un sistema flexible y pluralista para los centros públicos. La iniciativa consiste en integrar aulas de educación separada dentro de las escuelas mixtas. Materias como la gimnasia, la educación sexual o las matemáticas sufrirían, a su entender, un giro de 180 grados.
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