Nepal se encuentra en un momento decisivo. La formación de un gobierno orientado a la reforma ha suscitado expectativas tan urgentes como justificadas. Los ciudadanos ya no se conforman con cambios graduales; quieren mejoras visibles en el empleo, los ingresos y la vida cotidiana. La verdadera prueba a la que se enfrenta el gobierno no es si puede anunciar reformas, sino si puede traducirlas en un crecimiento económico que la gente pueda sentir.
En el centro de este reto se encuentra una desconexión estructural. Nepal ha ampliado el acceso a la educación a lo largo de los años, pero esta expansión no se ha traducido en empleo o productividad. Los niños van a la escuela, pero muchos no completan su educación, e incluso los que lo hacen a menudo luchan por encontrar un trabajo significativo. La brecha entre el aprendizaje y los ingresos sigue siendo grande. No se trata simplemente de un problema educativo, sino de una limitación económica.
Al mismo tiempo, el crecimiento del país no ha sido integrador. Las mujeres, que constituyen la mitad de la población, siguen estando excluidas en gran medida de los sectores productivos. Incluso cuando trabajan, se concentran en actividades informales y de bajos ingresos, con escasa seguridad u oportunidades de ascenso. Su contribución se ve aún más restringida por la pesada carga del trabajo de cuidados no remunerado, que limita su tiempo, movilidad y participación en el mercado laboral. Este doble fracaso -de la educación para generar capacidades y del crecimiento para incluir a las mujeres- define el estancamiento económico de Nepal.
Lo que hace que el momento actual sea diferente es la aparición de un programa de reforma integral reflejado en los 100 puntos de acción del gobierno recién formado. Aunque estas acciones puedan parecer administrativas o sectoriales a primera vista, en conjunto representan una estrategia económica coherente. Su lógica subyacente es clara: el crecimiento económico no vendrá de intervenciones aisladas, sino de una reforma sistémica que mejore la gobernanza, reduzca las fricciones y desbloquee la productividad en todos los sectores.
Una parte importante de los puntos de acción se centra en la reforma de la gobernanza, y con razón. El crecimiento económico comienza con un Estado capaz. Reducir el número de ministerios, simplificar la prestación de servicios, establecer plazos para los procesos y crear una Unidad de Prestación de Servicios del Primer Ministro no son meros ajustes administrativos; son reformas económicas. Cuando los ciudadanos y las empresas pueden acceder a los servicios de forma rápida y previsible, disminuyen los costes de transacción, aumenta la eficiencia y se expande la actividad económica. Del mismo modo, la mejora de los sistemas de contratación pública, el cumplimiento de la rendición de cuentas y el fortalecimiento de los mecanismos anticorrupción influyen directamente en la confianza de los inversores. En una economía en la que los retrasos y la opacidad han desalentado durante mucho tiempo la inversión, estas medidas pueden tener efectos inmediatos sobre el crecimiento.
El fuerte énfasis en la gobernanza digital refuerza aún más esta dirección. Trasladar los servicios a Internet, introducir la firma digital, crear plataformas unificadas y adoptar el principio de «los datos una vez» no son meras actualizaciones tecnológicas, sino mejoras de la productividad. Un Estado totalmente digital reduce la corrupción, acorta el tiempo de tramitación y disminuye los costes tanto para las empresas como para los ciudadanos. También crea los cimientos de una economía digital moderna, donde pueden florecer la innovación y el espíritu empresarial. Al dar prioridad a la infraestructura informática, los marcos jurídicos y los sistemas integrados, el programa de reformas reconoce que la transformación digital es fundamental para la competitividad económica.
Igualmente importante es centrarse en mejorar el clima de inversión y el desarrollo del sector privado. El crecimiento económico de Nepal no será impulsado únicamente por el Estado, sino que dependerá de la vitalidad del sector privado. La simplificación propuesta de los procedimientos de inversión, el establecimiento de un sistema de ventanilla única, la facilitación de los procesos de puesta en marcha y la ampliación del crédito a las PYME abordan directamente los obstáculos que existen desde hace tiempo para hacer negocios. Si se combinan con esfuerzos para garantizar la seguridad empresarial, eliminar los cuellos de botella en el transporte y crear un entorno transparente para la inversión, estas medidas pueden acelerar significativamente la inversión privada y la creación de empleo. La integración de las instituciones de inversión y la introducción de modelos de proyecto claros señalan además un cambio hacia un marco económico más coordinado y predecible.
Sin embargo, el crecimiento no puede sostenerse sin abordar el mercado laboral, y aquí los puntos de acción se alinean estrechamente con la necesidad de salvar la brecha entre educación y empleo. La creación de centros de empleo y cualificación, la despolitización de la educación y la mejora de los sistemas de exámenes son pasos hacia una educación más orientada a los resultados. Sin embargo, la verdadera transformación vendrá de alinear las cualificaciones con la demanda del mercado, ampliar la educación técnica y profesional y crear vías de la escuela al trabajo. Sin esta alineación, Nepal seguirá produciendo licenciados sin oportunidades, perpetuando el desempleo y la emigración.
La agenda también reconoce implícitamente que la participación económica de las mujeres no es un añadido social, sino un motor fundamental del crecimiento. Las medidas relacionadas con la financiación de las PYME, la alineación de la RSC, la seguridad empresarial y el desarrollo de capacidades pueden beneficiar significativamente a las mujeres si se aplican de forma inclusiva. Sin embargo, el éxito de estas medidas dependerá de si abordan barreras estructurales como el acceso a la financiación, la propiedad de activos y la carga de los cuidados no remunerados. El crecimiento económico que excluya a las mujeres seguirá siendo limitado; el crecimiento que las incluya se multiplicará.
Las infraestructuras y las reformas sectoriales constituyen otro pilar fundamental. Garantizar la finalización a tiempo de los proyectos de carreteras, mejorar los sistemas energéticos, integrar la gestión del agua y promover el turismo son esenciales para aumentar la productividad y crear empleo. La reforma de la agricultura, en particular, sigue siendo vital en un país en el que gran parte de la población depende de ella para subsistir. Al centrarse en estos sectores, los puntos de acción pretenden reforzar la economía real en lugar de depender únicamente de las remesas.
Las reformas financieras y de los ingresos complementan este enfoque. La mejora del sistema fiscal, la aplicación de la facturación electrónica, la reforma de las aduanas y la integración de los fondos son medidas que pueden mejorar la movilización de los ingresos y reducir al mismo tiempo las fugas. Una base fiscal más sólida permite una mayor inversión pública, que a su vez apoya el crecimiento. Al mismo tiempo, estas reformas pueden mejorar la equidad y la transparencia, fomentando el cumplimiento y ampliando la base impositiva.
La inclusión de medidas relacionadas con la gestión de la tierra, el desarrollo urbano y el uso de activos ociosos pone de relieve otra dimensión del crecimiento económico que a menudo se pasa por alto. La tierra es uno de los recursos más infrautilizados de Nepal. Abordando cuestiones como los asentamientos informales, protegiendo el suelo público e introduciendo marcos de desarrollo urbano, el gobierno puede desbloquear un importante valor económico. Del mismo modo, resolver los problemas de las cooperativas de ahorro y garantizar la estabilidad social son esenciales para mantener la confianza pública y la confianza financiera.
Lo que se desprende de esta exhaustiva agenda es una clara comprensión de que el crecimiento económico no es el resultado de una única política o sector, sino de un sistema que funciona de forma eficiente, inclusiva y predecible. Los 100 puntos de acción pretenden colectivamente construir un sistema así. Reducen las fricciones en la gobernanza, permiten la actividad del sector privado, alinean la educación con el empleo y promueven la inclusión, todo lo cual es esencial para un crecimiento sostenido.
El reto, sin embargo, reside en la ejecución. A Nepal no le faltan políticas ni planes; lo que le ha faltado es ejecución. El éxito de esta agenda dependerá del establecimiento de prioridades, la coordinación y la rendición de cuentas. El gobierno debe centrarse en obtener resultados rápidos en áreas que repercutan directamente en los ciudadanos y las empresas, al tiempo que mantiene el impulso en reformas estructurales más profundas.
En última instancia, la cuestión no es si el gobierno tiene las ideas adecuadas, sino si puede aplicarlas a velocidad y escala. Si tiene éxito, Nepal puede pasar de un ciclo de baja productividad y alta migración a otro de crecimiento integrador y oportunidades. Si fracasa, este momento de promesa política se desvanecerá en otra oportunidad perdida. El camino está claro. Las herramientas están disponibles. Lo que falta es la voluntad de actuar y de cumplir.
Biografía del escritor: Balkrishna Silwal Sharma es consultor internacional de desarrollo con más de 20 años de experiencia en igualdad de género, gobernanza y desarrollo integrador en Asia y África, trabajando con organizaciones como la UE, la ONU, el BAD y USAID.
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