Gabriela Ibañez De Santis

Coach Ejecutiva | Speaker en Liderazgo | Consultora en Desarrollo de Liderazgo y Transformación Cultural | Mentora de Líderes | Acompaño a líderes C-Level a crecer y dejar huella
 
 

Una reflexión sobre maternidad, liderazgo y culturas organizacionales conscientes.

Un artículo para el Día de las Madres — y para todos los que lideran, cuidan y construyen al mismo tiempo.

Ayer fue el Día de las Madres. Y yo quiero hablarle a las madres que lideran organizaciones, equipos, proyectos y familias al mismo tiempo. Pero también quiero hablarle a los padres que están aprendiendo a cuidar. Y sobre todo, quiero hablarle a quienes desde posiciones de poder tienen la posibilidad y la responsabilidadde cambiar las reglas del juego.

Porque lo que muchos llaman «equilibrio» es, en realidad, una mentira muy bien vestida.

El mito del equilibrio

El equilibrio implica que hay dos platillos perfectos en una balanza, y que el trabajo consiste en no dejar que ninguno caiga. Es una metáfora que suena razonable, pero que en la práctica le exige a las personas especialmente a las mujeres que sean dos personas al mismo tiempo, con la misma energía, en el mismo día.

La conciliación no es equilibrio. Es diseño.

Diseño consciente de prioridades, de límites, de acuerdos, de estructuras. Y como todo buen diseño, requiere intención, contexto y, sobre todo, las condiciones adecuadas para ejecutarse. Ningún arquitecto diseña en un terreno que no le pertenece, sin herramientas y con el tiempo contado. Pero eso es exactamente lo que le pedimos a millones de madres que trabajan cada día.

Los números que no mienten

Los datos son incómodos, pero necesarios para quien toma decisiones desde el C-Suite.

En América Latina, la brecha salarial entre madres y padres alcanza el 23,7%, mientras que entre personas sin hijos es del 15,9% — lo que la economista Claudia Goldin denominó el Motherhood Penalty: la penalización concreta que la maternidad impone sobre la carrera y el ingreso de las mujeres. Este no es un problema de talento. Es un problema de diseño organizacional.

El estudio Radiografía Mujeres en el Trabajo 2025 de Buk, con datos de toda la región, revela que las madres enfrentan mayores niveles de agotamiento que las mujeres sin hijos, y que el 46% de las mujeres en liderazgo quiere cambiar de trabajo o lo está intentando activamente. No las están despidiendo — se van. Voluntariamente. Porque el entorno no está diseñado para ellas.

Y cuando se les pregunta a las propias líderes, el 33% de las mujeres en posiciones de liderazgo percibe que los hombres ganan más en su organización, frente a solo el 20% de los hombres líderes que comparte esa percepción. La misma realidad, leída desde dos lugares distintos. La distancia entre esas dos lecturas es exactamente el tamaño del problema.

Un estudio del CIMAD de IPADE Business School encontró que las madres en puestos de liderazgo presentan niveles de burnout significativamente más altos que los padres en los mismos puestos, con mayor agotamiento y despersonalización. No porque sean más débiles. Sino porque cargan con más.

La emoción que nadie nombra en las reuniones de directorio

Hay una palabra que aparece una y otra vez en conversaciones privadas entre mujeres líderes, pero casi nunca en las conversaciones estratégicas de las organizaciones: culpa.

Culpa cuando estás en la oficina y tu hijo tiene fiebre. Culpa cuando estás en casa y no has respondido los correos. Culpa por pedir flexibilidad. Culpa por no pedirla y llegar tarde a buscarlos. Culpa por tener ambición. Culpa por querer parar.

Esta culpa no es un defecto de carácter ni un problema de autoestima. Es la consecuencia directa de vivir dentro de estructuras que fueron diseñadas para personas sin responsabilidades de cuidado; es decir, históricamente, para hombres con parejas en casa. Cuando esas estructuras no cambian, la culpa la absorbe la persona. Y la persona, en este caso, es la madre.

A esto se le suma la exigencia un estándar imposible que la cultura organizacional y social impone simultáneamente: ser una madre presente, amorosa, disponible; y ser una líder comprometida, productiva, siempre on. El discurso del multitasking: no necesariamente liberó a las mujeres; muchas veces terminó instalando un estándar imposible de sostener.

Y luego están las expectativas las propias y las ajenas. La expectativa de que «se puede todo», de que «las que quieren, pueden», de que las condiciones son un pretexto y no una variable real. Esta narrativa individualiza lo que es estructural, y convierte en falla personal lo que es falla sistémica.

Nombrar estas emociones no es quejarse. Es honestidad intelectual. Y las líderes que tienen esa honestidad consigo mismas son las que terminan transformando las organizaciones que habitan.

Lo que la maternidad le da al liderazgo

Quiero decir algo que siento profundamente: la maternidad me ha hecho mejor líder.

Aquí viene algo que no se dice suficientemente: la maternidad y la parentalidad en general afina habilidades que el liderazgo más exigente requiere.

La tolerancia a la ambigüedad. La capacidad de tomar decisiones con información incompleta y a alta velocidad. La gestión emocional bajo presión sostenida. La empatía sin perder la dirección. La habilidad de sostener conversaciones difíciles. El manejo de múltiples partes interesadas con necesidades contradictorias.

Estas no son habilidades blandas. Son las habilidades más duras del liderazgo contemporáneo. Y las madres y los padres activamente involucrados las practican todos los días, antes del primer correo de la mañana.

El problema no es que las madres sean menos capaces de liderar. El problema es que las organizaciones valoran la disponibilidad absoluta más que la efectividad real. Y esa es una decisión estratégica equivocada que les cuesta talento, diversidad e innovación.

Los hombres también están atrapados

Esta conversación no puede darse solo entre mujeres. Porque los hombres también están pagando un costo invisible: el costo de una paternidad que el entorno laboral no habilita.

A nivel global, en 2024, solo 105 de 186 países ofrecían licencia de paternidad remunerada, según la OIT. En Latinoamérica, la mayoría de los países otorgan entre 2 y 15 días  frente a los meses que reciben las madres. Esta asimetría no es neutral: le dice explícitamente al mercado laboral que el cuidado es responsabilidad femenina, y refuerza la estructura que luego penaliza a las mujeres.

Los hombres que quieren ser padres presentes se enfrentan a culturas organizacionales que leen la paternidad activa como falta de compromiso. Los que piden flexibilidad son vistos con sospecha. Los que se toman sus días de licencia son la excepción, no la norma porque el ambiente implícitamente los desincentiva.

La coparentalidad real  el reparto equitativo del cuidado entre los adultos responsables no es posible cuando las organizaciones solo le otorgan el permiso a uno de los dos.

Cuando los padres cuidan, las madres pueden liderar con menos culpa. Cuando los padres cuidan, los hombres también se vuelven mejores líderes. Cuando los padres cuidan, los hijos crecen en un modelo de mundo más justo. No es un tema de mujeres: es un tema de arquitectura familiar y organizacional.

Lo que nosotras podemos hacer cuando somos líderes conscientes

Aquí es donde quiero detenerme. Porque durante mucho tiempo, esta conversación terminó en el diagnóstico  en el problema, en los datos, en lo que las organizaciones deberían hacer. Y eso sigue siendo necesario. Pero hay algo más que yo puedo hacer. Que tú puedes hacer. Que nosotras podemos hacer desde donde estamos.

Ser una madre líder consciente no es solo sobrevivir el sistema. Es también transformarlo desde adentro.

1. Nombra lo que sientes  sin pedirte disculpas por ello. La culpa que cargas en silencio tiene un nombre, y nombrarlo ante personas de confianza dentro de tu organización o en conversaciones honestas con tu equipo rompe la ilusión de que eres la única. No eres la única. Y cuando lo dices en voz alta, le das permiso a otras para decirlo también.

2. Diseña tus límites antes de que el sistema te los diseñe. La conciliación no ocurre porque el entorno lo permita  ocurre porque tú decides cuáles son tus no negociables y los defiendes con la misma energía con que defiendes una propuesta estratégica. ¿A qué hora terminas? ¿Cuándo estás presente en casa sin el teléfono? ¿Qué reuniones pones tú y cuáles rechazas? Estos no son lujos: son decisiones de diseño.

3. Usa tu posición para cambiar las reglas del juego. Si tienes poder de decisión, úsalo. Revisa tus propias políticas de conciliación  no las que están escritas, sino las que realmente ocurren. ¿Cuántas personas en tu equipo han tomado su licencia de paternidad completa? ¿Qué pasa cultural y tácticamente con quien pide flexibilidad? ¿Estás midiendo resultados o presencia? Las madres líderes que llegan arriba tienen la oportunidad  y la responsabilidad  de no cerrar la puerta al entrar.

4. Visibiliza a otras madres en tu organización. Cuando te conviertes en sponsors de una colega madre para una posición de liderazgo, cuando la mencionas en una reunión de talento, cuando defiendes que su rendimiento no disminuyó con la maternidad estás cambiando la narrativa. No con discursos: con decisiones concretas.

5. Normaliza la coparentalidad en tu entorno. Si tienes pareja, los acuerdos en casa son tan estratégicos como los acuerdos en la sala de juntas. ¿Está el cuidado repartido de manera real o solo nominal? ¿Tiene él los mismos permisos emocionales para estar presente que tú? No se trata de competir  se trata de co-diseñar. Y si lideras personas con familia, habla de coparentalidad con ellas. Normaliza que los hombres cuiden. Normaliza que las mujeres dirijan.

6. Cuida tu propia salud sin culpa. El burnout materno es real. El 65% de los padres trabajadores reporta síntomas de agotamiento relacionados con la conciliación y las madres líderes están en el grupo de mayor riesgo. Cuidarte no es egoísmo: es liderazgo sostenible. Las mejores decisiones no se toman desde el agotamiento.

7. Construye comunidad con otras madres líderes. No para quejarse  para aprender, compartir estrategias, normalizarse mutuamente. Las líderes que más impacto tienen en esta conversación son las que decidieron no cargar solas. Encuentra a las tuyas.

8. Construye tu red de apoyo. Construir una red de apoyo también es una decisión estratégica. Abuelos, tíos, cuidadores, trabajadoras del hogar, pediatras o terapeutas pueden transformarse en parte del ecosistema que hace posible sostener la vida laboral y familiar con mayor presencia y menos sobrecarga.

Lo que le toca hacer al C-Level

Si usted dirige una organización, esto no es una conversación de Recursos Humanos. Es una conversación de estrategia.

Algunas reflexiones que invitan a la acción:

1. Audite sus políticas con honestidad. ¿Tienen licencias de maternidad y paternidad equiparables en duración? ¿Las toman en la práctica? ¿Qué le pasa culturalmente a quien las usa? Las políticas escritas que no se usan son solo decoración.

2. Mida lo que importa. ¿Sabe cuántas mujeres con hijos hay en su pipeline de liderazgo? ¿En qué momento de su carrera las pierde? ¿Por qué se van? Si no tiene esos datos, no tiene el problema visibilizado.

3. Cuestione la cultura de disponibilidad. Las reuniones a las 7pm, la expectativa de respuesta inmediata, los fines de semana, el «siempre disponible» como sinónimo de compromiso — todo eso discrimina de facto a quienes tienen responsabilidades de cuidado. Y eso incluye cada vez más a hombres que quieren ser padres presentes.

4. Diseñe flexibilidad real, no cosmética. La flexibilidad que solo funciona cuando «no hay nada urgente» no es flexibilidad. El trabajo flexible que genera culpa al usarse no es una política: es una trampa.

5. Haga de la coparentalidad un valor organizacional. Celebre a los padres que toman sus licencias. Visibilice a los hombres que priorizan el cuidado. Rompa el silencio masculino sobre estas tensiones. La corresponsabilidad en el hogar empieza con señales culturales en el trabajo.

6. Tenga conversaciones incómodas. Tenga estas conversaciones en su Comité Ejecutivo, en su Junta, con sus pares. La conciliación como estrategia de negocio empieza cuando quienes tienen el poder de cambiarla dejan de verla como un problema de las madres.

Para cerrar

Hoy, en el Día de las Madres, quiero reconocer a todas las mujeres que lideran mientras cuidan, contienen, organizan, acompañan y sostienen.

No porque hagan todo solas. Sino porque, aun en medio de múltiples exigencias, siguen construyendo espacios de crecimiento, amor y futuro.

El desafío no es resistir más. Es diseñar mejor.

Diseñar culturas más humanas. Liderazgos más conscientes. Relaciones más corresponsables.

Porque la conciliación no es equilibrio. Es diseño. Y todo diseño comienza con una decisión.

¿Cuál es la que estás tomando?

 
 
Las opiniones expresadas por los autores de vídeos, artículos académicos o no académicos, blogs, libros académicos o ensayos («el material») son las de los propios autores; no comprometen a los miembros de Global Wo.Men Hub, que, por su parte, no tienen por qué pensar todos igual. Al patrocinar la publicación de este material, el Global Wo.Men Hub cree que contribuye a debates sociales útiles. Por eso, este material puede publicarse como respuesta a otros.

 

Shares
Share This