Aproximaciones a la vulnerabilidad
por Christine Marlet | Feb 25, 2025
RECONOCER, VISIBILIZAR Y FORTALECER EL IMPACTO FEMENINO ANTE LAS VULNERABILIDADES DEL SIGLO XXI, Maria Cruz Diaz De Teran en Aproximaciones a la vulnerabilidad, Larena C Bolzon José Carlos Ortiz Muggenburg,compilacion, Editorial EPAEP, 2024
Un hecho: la invisibilidad de la mujer en la historia
Este dato nos lleva a plantearnos dos posibles hipótesis:
1) Pensar que, efectivamente, a lo largo de la historia de la Humanidad las mujeres hemos ocupado un segundo plano, siempre a la sombra de los hombres, sin destacar, algo así como las eternas actrices secundarias de la película.
2) Pensar que las mujeres siempre hemos estado presentes, pero los libros de historia, generalmente escritos por hombres, no han reconocido el protagonismo real que hemos tenido.
Como coordinadora del Eje Mujeres y Vulnerabilidades pienso que la primera hipótesis no es cierta. La primera razón es puramente fáctica, de experiencia vital. Y me explico: creo sinceramente que nadie que conozca el universo femenino puede creer en verdad que durante más de seis mil años de historia las mujeres hemos estado calladas, dejando hacer a los hombres. Por tanto, aún antes de acudir a archivos y documentos históricos, creo no equivocarme al afirmar que esta primera hipótesis puede descartarse.
Y me atrevo a añadir que esta falta de reconocimiento a su protagonismo en la historia (y, por tanto, a la visibilidad de sus aportaciones al progreso) es una vulnerabilidad causante de mucha otras, porque lo que no se valora, no se respeta, por tanto, es más fácil que se maltrate.
Acudiendo a argumentos científicos, los resultados de las investigaciones más recientes evidencian que las mujeres no hemos permanecido al margen de los acontecimientos. Más bien todo lo contrario. Lo cierto es que a lo largo de los siglos, las mujeres no sólo hemos realizado una gran aportación para sostener el hogar como madres y cuidadoras, sino que, además, hemos llevado a cabo una importante labor en el desarrollo político, científico, artístico, social, económico, etc., y, a mi juicio, ambos aspectos han pasado inadvertidos en las historias al uso. Al respecto resulta muy interesante la obra que en 1988 publicaron dos historiadoras norteamericanas, Bonnie S. Anderson y Judith P. Zinsser, Historia de las mujeres, una historia propia (*) Entre otras cosas, el libro puso de relieve una necesidad que había empezado a reivindicarse pocos años antes: la obligación de releer la historia en clave femenina, otorgando a las mujeres el protagonismo real que hemos tenido, dándonos el papel que merecemos. De ahí que pienso que es incorrecta la afirmación de que el trabajo de las mujeres ha sido/es invisible. A mi juicio, lo correcto es decir que ha sido/es silenciado o mal contado, pero no puedo admitir que haya sido invisible. {…}
La mujer en la esfera publica
He afirmado que, {…}, los datos científicos muestran que las mujeres hemos llevado a cabo una importante labor en el desarrollo político, científico, artístico, jurídico, económico, etc. En este grupo nos encontramos, por un lado, con grandes mujeres que
tuvieron la desdicha de que su trabajo se atribuyera a un hombre. Por ejemplo, James Watson, Francis Crick y Maurice Wilkins recibieron en 1962 el Premio Nobel de Medicina «por sus descubrimientos sobre la estructura molecular de los ácidos nucleicos y su importancia para la transferencia de información en la materia viva». En abril de 2023, científicos basados en nuevas pruebas, concluyeron que Rosalind Franklin contribuyó de la misma forma que sus compañeros en el proceso de descubrimiento del ADN, en lugar de como se habían presentado los resultados en el momento del descubrimiento.(**) Tampoco es muy conocido que la persona que tuvo la brillante idea de atacar la organización mafiosa de Al Capone por el flanco de la evasión de impuestos no fue Elliot Ness, sino Mabel Walker Willebrandt, ayudante del fiscal y abogada de mujeres vulnerables de su época (víctimas de violencia doméstica y prostitutas).(***)
El caso de Lise Meitner es digno de mención: cuarenta y ocho veces nominada para el Premio Nobel (fue nominada diecinueve veces al Premio Nobel de Química entre 1924 y 1948, y veintinueve veces al Premio Nobel de Física entre 1937 y 1965), sin éxito. Su logro: descubrir la fisión nuclear trabajando junto a Otto Hahn. Sin las contribuciones de Meitner, no habría sido posible para Hahn descubrir que el núcleo de uranio se puede dividir. Hahn recibió por este descubrimiento el Nobel de Química,(****) no así Meitner, a quien incluso la reciente película de Christopher Nolan, Oppenheimer, olvida mencionar.
Más difícil ha sido para mujeres que pertenecen a otras diversidades étnicas. Katherine Johnson, Dorothy Vaughn y Mary Jackson, fueron tres brillantes mujeres científicas afroamericanas que trabajaron en la NASA a comienzos de los años sesenta, proporcionando a este organismo un importante conjunto de datos matemáticos para desarrollar el primer programa de lanzamiento de una misión al espacio. Son mujeres cuyos nombres quedaron hasta hace muy poco ocultos.(*****)
Y así una larga de lista, hasta el punto de que existe lo que se conoce como «efecto Matilda». Margaret W. Rossiter, historiadora de la Ciencia, estableció este concepto en 1993 en honor de Matilda J. Gage, para identificar aquella situación social donde las mujeres científicas reciben menos crédito y reconocimiento por su trabajo científico que el que les correspondería de un examen objetivo de su trabajo.
Y es que, en muchas ocasiones en las mujeres el problema no es la falta de méritos, sino la ausencia de reconocimientos. Un dato que puede servir para ejemplificar esta afirmación es el número de mujeres y hombres que han ganado un Premio Nobel desde 1901 a 2023. Los datos no se justifican ni teniendo en cuenta la incorporación más tardía de las mujeres a la educación superior. Es más, es llamativa incluso la diferencia en ámbitos, que podrían considerarse más femeninos como la paz o la literatura:

Esta falta de reconocimiento de nuestras aportaciones en la esfera pública es una vulnerabilidad que hemos sufrido –seguimos sufriendo– muchas mujeres en nuestras vidas profesionales y sus efectos impregnan todos los niveles sociales. Repito: aquello que no se valora, que no se reconoce, se maltrata.
Me viene a la mente una anécdota de la escritora Edith Wharton, premio Pulitzer. A Wharton el estallido de la Gran Guerra la encontró en París. Como es sabido, el desencadenante de esta contienda fue el asesinato en Sarajevo del archiduque Francisco Fernando de Austria. A poco de producirse el atentado, los corresponsales comenzaron a enviar sus crónicas resaltando que ese atentado iba a tener graves consecuencias para Europa. También Wharton hizo su crónica, pero un detalle que a
mí personalmente me dice mucho es que en su crónica se pregunta por la esposa del archiduque, la llama por su nombre, Sofía, y se pregunta por su estado (*V). Esto me reafirma en la necesidad de esa cooperación entre el trabajo femenino y el masculino: las crónicas masculinas se fijan en las consecuencias geopolíticas, ella en las consecuencias humanas, en el sufrimiento humano que se va a desencadenar. Trabajemos de manera conjunta, no despreciemos la mitad del talento de la Humanidad.
(* )Anderson, Bonnie S. y Zinsser, Judith P.: Historia de las mujeres. Una historia propia. 2 vols. Barcelona, Editorial Crítica, 1991.
(**)«Rosalind Franklin’s role in DNA discovery gets a new twist». AP NEWS (en inglés). 25 de abril de 2023. https://apnews.com/article/dna-double-helix-rosalind-franklin-watson- crick-69ec8164c720e0b23374da69a1d3708d
(***)Díaz de Terán, M.C., Mujeres y Derecho. Pioneras en España y EEUU. EUNSA, 2021.
(****) The Nobel Prize in Chemistry 1944 was awarded to Otto Hahn “for his discovery of the fission of heavy nuclei, https://www.nobelprize.org/prizes/chemistry/1944/summary/
(*****) En 2016, Theodore Melfi dirigió la película Hidden Figures, sacando a la luz la historia de estas maravillosas mujeres.
(*V) E. Wharton. Una mirada atrás. Autobiografía. Barcelona, 1994.
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