Fundación Malkia
Miembro fundador
Phionah Musumba Soy la fundadora y directora ejecutiva de la Fundación Malkia, una organización no gubernamental nacional con sede en las zonas rurales del oeste de Kenia que empodera a las niñas ofreciéndoles oportunidades educativas y a las mujeres, formación profesional para el desarrollo empresarial, con el objetivo de que consigan un empleo remunerado o se establezcan por cuenta propia para lograr la sostenibilidad.
Biografía de Phionah Musumba
Tengo el COMPROMISO de empoderar a las chicas AFRICANAS a través de la educación en STEM. He superado todas las dificultades para llegar a ser quien soy, lo que soy y estar donde estoy hoy. Dejé el instituto por la extrema pobreza que había en mi casa.
Me casé joven, con 17 años, justo después de dejar los estudios en mi último curso de bachillerato. Tuve que madurar rápido. Mi marido estaba en paro y, en cinco años, tuvimos dos hijas. La vida era más que difícil. Les daba piedras a mis bebés con una taza grande de agua para que pareciera que tenían el estómago lleno. No teníamos comida, nos quedamos sin hogar y no podíamos permitirnos ropa ni educación para las niñas cuando llegó el momento de que empezaran el colegio. No me quedó más remedio que ser la única que ganaba dinero en casa. Eso fue entre 1994 y 1999. A los cinco años de casada, tuve que presentarme a los exámenes de bachillerato como madre, esposa y sostén de la familia, con la esperanza de que el título me sirviera para conseguir un trabajo. Nunca llegó a ser así, ni siquiera después de un curso de tres años para obtener un diploma en Comunicación de Masas, ya que había —y sigue habiendo— tres formas de conseguir un trabajo en los medios de comunicación en Kenia: comprar el puesto, pero yo era demasiado pobre; conocer a alguien en las altas esferas, pero yo no era nadie, así que no conocía a nadie; o acostarme con el jefe, pero no podía comprometer mis principios.
Tuve a mi primer hijo en 2002 y, en 2004, por culpa de la pobreza, lo vi morir en mis brazos porque no podía permitirme llevarlo al hospital. Nos resultaba casi imposible pagar los gastos del entierro hasta que algunas personas de buen corazón vinieron a echarnos una mano.
Por qué fundé la Fundación Malkia
En 1999, conocí a dos chicas que estaban llorando porque las habían echado del colegio por no poder pagar las tasas de los exámenes. Al preguntarles, me enteré de que una venía de una familia monoparental, su madre estaba en paro, y la otra tenía un padre también en paro pero alcohólico y una madre ama de casa. Les pagué las tasas y las vi volver saltando de alegría al colegio. Nos hicimos amigas y solían venir a verme, junto con otras chicas y también algunos chicos, cada vez que tenían algún problema.
Así fue como fundé «El Centro para Niñas Desfavorecidas», después de plantearme una sola pregunta: si todas estas niñas se enfrentaban a tantos retos en la ciudad, ¿qué pasaría con las niñas de mi pueblo? Empecé comprando y repartiendo material escolar —como compresas, libros y material para escribir— a las niñas de mi comunidad que iban al colegio. Nos registramos en el ayuntamiento en 2002 y, en 2014, nos convertimos en una ONG nacional. Ahora somos la Fundación Malkia, y empoderamos a las niñas mediante una educación en STEM y les enseñamos habilidades empresariales para que puedan conseguir un empleo remunerado o trabajar por cuenta propia, con el objetivo de lograr la sostenibilidad.
La Fundación Malkia hoy
La Fundación Malkia ofrece oportunidades educativas a niños que, de no ser por ella, no irían al colegio. Pagamos las cuotas escolares de las niñas que no pueden permitírselas. Ahora mismo, tenemos 46 niñas en este programa. También colaboramos con un programa de alimentación para niños de familias que no pueden permitirse dos comidas al día, para que puedan seguir yendo al colegio. Aquí tenemos a 300 niños de entre 6 y 14 años.
Cada año proporcionamos material escolar a 6.500 niños y niñas de primaria y secundaria. Además, cada año subcontratamos cursos de formación profesional para 30 jóvenes, con el fin de facilitarles la incorporación al mercado laboral.
Hasta ahora hemos ayudado a 166 chicas a estudiar hasta la universidad.
En el marco de la lucha contra la pobreza, el empoderamiento de las mujeres y el desarrollo de empresas sociales, ofrecemos formación en educación financiera durante 7 semanas antes de conceder pequeños préstamos que tienen un gran impacto en la vida de sus familias, aunque solo sea para cubrir sus necesidades más básicas. Contamos con 525 mujeres repartidas en 35 grupos que se benefician cada año de estos miniprestamos de microfinanzas.
Hace poco empezamos a trabajar con madres adolescentes, chicas que se ven en la situación de tener que criar a sus hijos muy jóvenes. Esta iniciativa se lleva a cabo a través de formación en habilidades para la vida, tutoría, gestión de la higiene menstrual y microcréditos. La Fundación Malkia anima a las adolescentes embarazadas a retomar los estudios, por eso las madres adolescentes se dedican a actividades generadoras de ingresos, como la confección de uniformes escolares a precios asequibles para los colegios del condado de Vihiga y la fabricación de jabón. El programa de fabricación de jabón empezó con 30 chicas, pero con la llegada de la COVID, el número de madres adolescentes ha aumentado y la Fundación Malkia trabaja actualmente con al menos 200 madres adolescentes cada tres meses. Las chicas fabrican jabón líquido para venderlo a la comunidad a precios asequibles. Los ingresos se utilizan para ayudar a las chicas a volver al colegio; al menos el 90 % de las chicas del programa vuelven al colegio.
He estado trabajando para poner en marcha nuestra primera escuela STEM solo para chicas en una zona rural del oeste de Kenia y me alegra poder contarte que ya hemos conseguido el terreno donde la vamos a construir.
La Fundación Malkia también está creando una plataforma digital global que facilitará que las mujeres de todo el mundo que se encuentren en cualquier tipo de situación de dificultad (violencia de género, trata de personas, sin hogar, sin trabajo) puedan acceder a soluciones viables, si no permanentes, en tiempo real. Nuestro objetivo es lograrlo asociándonos con personas y organizaciones que compartan nuestra visión bajo un mismo paraguas, para convertirnos en un punto único de referencia para cualquier problema que afecte a las mujeres en todo el mundo.
La perspectiva única que aporto es que cualquiera puede ser lo que quiera ser, si se lo propone con suficiente fuerza; un ejemplo de resiliencia y perseverancia contra todo pronóstico.
Tengo una visión en la que las chicas de África podrán hacer realidad sus sueños más descabellados; en la que se convertirán en lo que creen que pueden ser y liderarán el cambio que quieren ver.
Dentro de cinco años, espero que la Fundación Malkia se convierta en Malkia International y impulse un cambio de verdad significativo, no solo en mi comunidad de la zona rural del oeste de Kenia y en África, sino también en todo el mundo.



